En los momentos más difíciles para Azeroth, Liadrin se planta ante el Vacío sabiendo que, con la Luz a su lado, la oscuridad jamás vencerá.
Perfil de personaje: lady Liadrin
Lady Liadrin siguió la senda de la devoción como sacerdotisa de la Luz Sagrada, hasta que sus plegarias dejaron de recibir respuesta mientras su mundo se ahogaba entre cenizas y no-muertos. En aquel momento, su fe en la Luz se hizo añicos sin dejar tras de sí más que odio.
Mientras la Plaga invadía Lunargenta durante la Tercera Guerra, no fueron los no-muertos ni la brujería los que terminaron por romper las líneas de los elfos nobles, sino la traición interna. En el caos posterior, el reino de Lunargenta cayó de rodillas y su adorada Fuente del Sol, que representaba el núcleo de su cultura, se corrompió.
Entre las cenizas de su reino, hubo que pagar un terrible precio por subsistir. El príncipe Kael’thas se vio obligado a ordenar la destrucción de La Fuente del Sol para salvar a los que seguían vivos. Sin las energías arcanas de La Fuente del Sol, la adicción se apoderó de los supervivientes. Una adicción implacable, exasperante y letal. Desesperados, los elfos de sangre optaron por nuevos métodos y empezaron a absorber la energía de fuentes externas.
Al entregar a Quel’Thalas un naaru cautivo, un ser impregnado de las energías de la Luz Sagrada, los Magistri descubrieron una peligrosa verdad: la Luz se podía robar. Liadrin, desconsolada por la incapacidad de la Luz de proteger a su pueblo, acogió este método sin titubear. Así fue como nacieron los Caballeros de sangre. Paladines que no buscaban la bendición de la Luz, sino su servidumbre. Liadrin se convirtió en su matriarca y los lideró.
Tras la invasión y la traición, la restaurada Fuente del Sol volvió a sucumbir a la corrupción. Lor’themar se planteó destruirla como ya habían hecho en el pasado, pero entonces apareció un rayo de esperanza: el profeta Velen. Aprovechando la esencia del mismo naaru que habían usado los Caballeros de sangre, Velen transformó La Fuente del Sol en una fuente radiante tanto de Luz Sagrada como de energía Arcana.
La restauración de La Fuente del Sol supuso un punto de inflexión para los elfos de sangre. Para Liadrin, fue el momento de la verdad. Sus Caballeros de sangre y ella abandonaron sus métodos y escogieron caminar hacia la Luz, no como conquistadores, sino como adalides.
Liadrin es el paradigma de la convicción y sus consecuencias. Es una adepta devota de la Luz no por fe ciega, sino porque ahora comprende su propósito y su responsabilidad. Templada por los calvarios vividos y transformada para siempre por el viaje de la duda a la devoción.
«[…] la Luz me mostró que no estaba perdida. Me ayudó a tener fuerzas para sobrevivir a pesar de lo que había ocurrido y de todo el mal que había hecho».
Ha llegado el momento de mantenerse firme.
